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Por: Ivonne De León
“Y así como los pueblos sin dignidad son rebaños, los
individuos sin ella son esclavos” (José Ingenieros)
Sé que seguramente no se van a enterar, peor aún: que NO les
importa, pero la actitud de los diputados chiapanecos da pena ajena.
Consideremos lo siguiente, la nación se divide en 3 poderes:
Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Cada uno tiene una actividad definida, y en
un hipotético organigrama se encuentran uno a la par del otro, es decir, no dependen
uno del otro sino que cooperan mutuamente, coadyuvan en sus respectivas
funciones para trabajar por sacar adelante el país.
En el caso de un estado la situación es similar. Por ello es
denigrante ver a los diputados de la actual legislatura dedicar sus
declaraciones a alabar al gobernador del estado y muy dispuestos a poner las
lenguas para que el Presidente de la República las usara como alfombra roja.
Emilio Salazar Farías, Diego Valera, Neftalí Del Toro y
hasta el senador federal, Roberto Albores Gleason, fueron los primeros en salir
a declarar lo maravilloso del trabajo que se hace en Chiapas por parte del
gobernador Manuel Velasco y del Presidente de la República, Enrique Peña Nieto.
Esa actitud servil y decididamente dispuesta "a lo que
manden el señor gobernador o el señor presidente" es la que nos tiene
sumidos hoy en el tremendo endeudamiento que vivimos. La falta de conocimiento
de lo que les corresponde hacer como diputados impide leyes actuales y de
utilidad que puedan beneficiar a la población y al estado.
Hoy, parecen haber quedado bien atrás los tiempos en que
Salazar Farías se desempeñó en puestos cercanos a Juan Sabines, Del Toro parece
haber olvidado que le tocó una legislatura de tres años también con el hoy
odiado Sabines, durante la cual le tocó aprobar endeudamientos y también
¿porqué no? Alabar al gobernador en turno.
Necesitamos diputados comprometidos con su trabajo, no con
hacer la labor de la gente de comunicación social del gobierno que para eso
existen.
No dudamos del buen trabajo que pueda estar haciendo Velasco
Coello y, sin duda, es loable que el presidente Peña Nieto haya elegido a
Chiapas para lanzar su programa nacional lo que es reprobable es la actitud de
los legisladores que se olvidan de su papel y restan dignidad a su investidura.
Combate a la pobreza inicia en Chiapas
“No es una medida asistencialista, no se trata sólo de
repartir alimentos a quienes carecen de él, es un cambio estructural en materia
de combate a la pobreza, los programas sociales tienen que evolucionar, lograr
que a mayor inversión se vean mejores resultados” así se expresó el Presidente
Enrique Peña Nieto en el municipio de las Margaritas donde firmó el decreto del
Sistema Nacional contra el Hambre.
Esto tiene especial relevancia si consideramos que en
Chiapas hay 6 de los 10 municipios en condiciones de pobreza extrema del país.
Obviamente lo que pregonaba el ex gobernador Juan Sabines en sus espectaculares
era mentira, en Chiapas, sigue habiendo pobreza extrema.
La nueva cruzada que emprende Peña Nieto, intentará aminorar
la condición deplorable de cientos de familias en el estado, se supone que este
programa plantea instrumentos de medición reales que permitan conocer su verdadero alcance en la mejora de
condiciones alimentarias para los beneficiados, ya una vez dijeron haber
erradicado a la pobreza, esperemos que en esta ocasión la promesa sí se cumpla.
¿No a la tenencia?
Lo cierto es que, ni aún pagando todos los dueños de
automóviles obtendrían siquiera para liquidar el interés de esa deuda que dejó
Juan Sabines. Ahora, se rumora que en el congreso “austero” se gastan hasta 70
mil pesos en gasolina de dos vehículos, esa cantidad alcanzaría para ir y venir
de Tuxtla Gutiérrez a México 14 veces habría qué ver a dónde han viajado tanto
los automóviles ¿o será que se reparten la gasolina entre los diputados y la
cargan a los autos oficiales?.
Lo que no debería perderse de vista es el hecho de que se
requiere de una rendición de cuentas claras, saber, más allá de la afirmación
del diputado Emilio Salazar Farías, cómo es que el supuesto plan de austeridad
logrará sacar a Chiapas del atolladero en menos de seis años. Quizá así, los
chiapanecos comiencen a recobrar la confianza, una verdadera, no la que a
fuerza de repetición logra volverse verdad mientras el sexenio dura.
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