sábado, 12 de enero de 2013

Discriminación verbal


Por: Ivonne De León

“La mujer será realmente igual al hombre, el día en que se designe a una mujer incompetente para un puesto importante” (Francoise Giraud)

Hay en las palabras una sutil forma de ser agresivo hacia el género femenino que no ha sido tenida en cuenta por quienes dicen defender la equidad. Más allá del simplismo novedoso de feministas poco alcanzativos que retoman la estupidez foxiana y sin más, se lanzan a aplicar el femenino y masculino en todas las palabras como si a todas pudiera aplicarse (derechos de humanos y humanas, testigo y testiga, etc), esto sólo araña la superficie del problema, deberíamos ir profundo, a las definiciones que las que verdaderamente aplican un estigma hacia aquellas a quienes se les aplica.
Pongamos por caso la palabra zorra cuya connotación peyorativa en el caso de su aplicación en femenino dista diametralmente del término masculino. Mientras que a ellas las juzga por una conducta veleidosa que parece reservada únicamente a los hombres, a ellos los ensalza con adjetivos de grandeza y sagacidad.
Eso habla no de un mal uso del idioma, sino de una lingüística claramente favorecedora al género masculino y depreciadora del femenino al momento de criticar la conducta de unos y otras aceptando para ellos todo el honor y para ellas toda la carga de la deshonra, como si al momento de pecar no hubiera dos igualmente involucrados en el asunto.
Bien lo cita Octavio Paz en su obra “El laberinto de la soledad” cuando intenta dar origen al término “chingar” y lo determina como una penetración, una violación a la que no debe ser sexuada: la mujer. Así, siempre según Paz, el término adjunto a la palabra “madre” significa para el mexicano una ofensa grave al implicar de facto que el ofensor ha “copulado” a la madre verbalmente.
El idioma es importante puesto que es la vía que nos permite generar ideas que se traducen en acciones, si lo observamos en su uso cotidiano vemos el reflejo del ambivalismo mexicano, la dicotomía que termina por hacer de la mujer un objeto. Por un lado la figura femenina es lo más sagrado, la abnegada, la indefensa, la madre a la que no le es permitido un arrebato sexual. Y por el otro es la coqueta, la seductora, la puta a la que no se otorga la redención.
De uno o de otro lado, la mujer es sólo la definición que el hombre que la observa hace de ella, ninguno de sus actos parece estar decidido por sí misma sino impuestos por los “usos y costumbres” de un pueblo que acepta el agravio al género femenino por el simple hecho de que es mujer y las mujeres, según esto no piensan.
Esto es lo que deberíamos cambiar, la hipocresía que lleva a ensalzar al hombre y que excluye a la mujer incluso de su propia sexualidad.

En todos lados se cuecen habas

Y vaya si se están cociendo, el escándalo sobre Wal Mart y sus sobornos en México alcanzó ya a Graco Ramírez quien supuestamente recibió dos millones de pesos para “facilitar” los permisos a la empresa ante el gobierno del Distrito Federal entre 2003 y 2004. Este escándalo deja al gobernador perredista de Morelos bastante mal parado en cuanto a la presunción ética que de sí misma y sus agremiados hace el Partido de la Revolución Democrática.
Graco Ramírez ya ha salido a defender su honor y asegura que todo esto es una mentira por lo que anunció que presentará una demanda ante la Procuraduría General de la República y otra por la vía civil por daño moral.
¿Porqué no se ahorra y nos ahorra el teatro? Que presente una declaración patrimonial de 2003 (año en que presuntamente comenzó a recibir los sobornos) a la fecha y tan, tan, asunto arreglado, bueno, es una sugerencia, claro.

Justicia a la mexicana

Mientras 53% de los presos en penales del país aún espera tenencia, esto según datos de la página web Animal Político, la ministra Olga Sánchez Cordero, propone a sus compañeros conceder un amparo para Florence Cassez de modo que se abra un nuevo juicio que no considere los 3 principales testimonios en contra de la ciudadana francesa a quien ya se le ha dictado una sentencia de 12 años en prisión.
Es decir, a la extranjera un trato especial y hasta revisión de expediente pese a ya estar sentenciada, y a los mexicanos pues que se esperen, al cabo ni son güeritos ni hablan francés.

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