martes, 8 de abril de 2014

Posesión y milagros

Las personas son así: siempre esperando cosas grandiosas. Lo sencillo pasa desapercibido para la mayoría que viven anhelando ver lo extraordinario sin darse cuenta de que eso ocurre a cada segundo.
Es por eso que poco se va dejando de creer en Dios, es por eso que poco a poco nos va cercando el diablo.
Cuando se espera un milagro, lo común es pensar en nubes abriéndose en un día nublado mientras un rayo de luz ilumina al afortunadü ser que lo recibe (el milagro).
En correspondencia, cuando esperamos un mal, pensamos en las posesiones demoniacas estilo Hollywood.
Ya sabes, cara verde, ojos de un color extraño, voz ronca y objetos volando en la habitación.
La cosa es que uno y otro fenómeno ocurren a cada segundo y no los vemos, porque de eso se trata el libre albedrío: de poder decidir en qué creemos, qué elegimos.
Verás, cuando Dios obra un milagro es tan sencillo como un extraño que te sonríe y te hace sentir bien, la persona que te devolvió tu cartera, el billete que te encontraste en el pantalón justo cuando decías que necesitabas algo de dinero.
Es un amigü que te llama y te devuelve la confianza, el viento que te refresca, la gente que te ayuda sin conocerte, sin saber quién eres sólo porque estás ahí y necesitas apoyo en algo.
Lamentablemente, la contraparte es igualmente simple: ese momento en que decides herir al otro. La mirada de odio sin razón, sólo porque sí.
La punzada envidiosa que te hace desear que a esa persona no le fuera tan bien.
Nosotros mismüs a diario somos ángeles y demonios.
En lo personal me toca la vocecita constante que me pide volver a ser autodestructiva.
La desidia que me pide no escribir sobre lo que sé que debo hacer.
El enfado cuando algo no se hace como yo creo que se debe hacer.
Es difícil luchar, contra estas cotidianidades y creo que ahí está el chiste de simplemente soltar las riendas y decir: Señor mío y Dios mío, en ti confío.
Y es que, aún cuando las teorías sobre la condición social de Dios (que lo inventamos nosotros para poder ser más disolutos, controlados o justificados de nuestros actos) sean bastante llenas de lógica, lo cierto es que la vida sobrenatural llena mi vida a cada instante.
Él está aqui, a mi lado a cada segundo y el otro también y yo sólo puedo luchar cuando decido llenarme de amor, llenarme de lo bello.
No la belleza simple que inunda los ojos y embota los sentidos (ése es él), sino la belleza intensa que llena mi espíritu y despierta mi mente, mi alma y mi corazón (ése es Él).
Así que ya lo sabes: la próxima vez que necesites un milagro no es menester que abras bien los ojos, abre bien el corazón, siente a la vida latir en ti, agradece y luego, toma una decisión.
Sábete amadü y mira las bendiciones de Dios llenar a tu ser en la sonrisa de tus hijos, en el abrazo de tu familia, en el pan diario, en el trabajo, en la calle, en los extraños, pero sobretodo, en ti.

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