Hablo con muchas mujeres atormentadas por no poder llenar las expectativas que se han forjado, algunas son madres solteras que se sienten culpables de no tener tiempo para los hijos, otras están casadas pero se sienten culpables de ya no amar al esposo y por tanto, no dar a sus hijos el hogar que "deberían", otras simplemente, por el afán femenino de sentirse culpable, encuentran culpas incluso donde no las hay.
Sé que es un cliché pero muy cierto: nadie nos enseña a ser madres y enfrentamos esa labor sólo con lo que Dios nos da a entender que es bien poco por cierto, pero luego de diez años de ser madre de una sarcástica y muy madura niña y seis de laborar como madre de un dulce niño que más parece mi maestro, puedo darme cuenta de que lo mejor de ser madre es eso: puedes ser la madre que tú quieras.
Los niños son hermosos y amorosos, ya no recuerdan si les regañaste ayer o si cometiste un error la semana pasada, te aman con este dulce amor incondicional, entregado, que simplemente acepta.
Déjales a ellos decidir el tipo de madre que recordarán y deja de atormentarte a ti con tus imperfecciones, acéptate a través de sus ojos y ser madre será tan natural que la receta llegará a ti solita.
No permitas que la culpa, los miedos, tus rencores y ansiedades te separen de estos maravillosos seres que Dios y la vida te han prestado, ámales, guíalos y acéptalos como son, abrázalos mucho, besuquéalos mientras se dejen y luego aprende a abrir poco a poco las manos para dejarles volar a medida que sus incipientes alas comiencen a funcionar.
Es cierto que no hay recetas ni medidas, sólo intuición y una leve guía en las cosas que tu madre hizo por ti.
Así que no seas muy dura en juzgarla, acuérdate que ella sostuvo tu mano cuando no podías caminar, te alimento cuando no podías hacerlo y te amó antes de saber que te podía amar.
Perdona hoy a tu madre sus errores, seguro igual que tú hoy, ella no quería lastimarte, sólo no sabía qué hacer ni cómo hacerlo.
Ama a tu madre como la amabas de pequeña, no seas dura al juzgarla pues recuerda que "con la vara que midas, serás medida".
¿Qué tal si le llamas hoy? P
orque recuerda: Madre, sólo hay una
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